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Artículo

Diferencias de género en el uso de las pantallas

Claves para entender e intervenir
Maribel Serra

Maribel Serra Candell

Psicóloga clínica. Jefa de la Subsección de proyectos y programas.
Centre SPOTT. Diputació de Barcelona
Grupo de chicos y chicas con el móvil
©Africa images via Canva.com

Resumen

El uso de las pantallas está también influenciado por los mandatos de género socialmente impuestos desde pequeños. Las chicas tienden a utilizar las pantallas para interactuar y mostrarse, al tiempo que se enfrentan a presiones sociales sobre la imagen. Los chicos hacen un uso más competitivo y lúdico, especialmente en relación con los videojuegos y apuestas, reflejando los roles que les han sido asignados desde pequeños. Al abordar los problemas relacionados con el uso de las tecnologías, es crucial aplicar una perspectiva de género. Esto implica educar y prevenir desde la igualdad, considerando las diferencias de socialización y las vulnerabilidades específicas de cada género, para promover un entorno digital seguro e inclusivo.
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Vivimos en una sociedad hiperconectada. La aparición de las tecnologías de la información, comunicación y relación (TRIC) han causado un gran impacto en nuestra sociedad, actuando como agentes socializadores de niños, niñas y adolescentes.

Y es ahí, en las redes sociales, donde se reproducen, refuerzan y difunden muchos de los llamados mandatos de género: comportamientos que social y culturalmente se atribuyen a las personas por ser un hombre o una mujer. Son aprendidos desde la infancia y se van transmitiendo por la interacción de distintos espacios de socialización: la escuela, la familia, los medios de comunicación y elementos culturales como el cine, la moda o la publicidad. 

Algunos mandatos de género son:

Ellas: 

  • Estar al cuidado de los demás.  
  • Ser maternal, responsable, sensible, tierna, sentimental, dócil.  
  • Priorizar las necesidades de los demás.
  • Ser sexualmente deseable.

Ellos: 

  • Asumir riesgos.
  • Ser valiente, temerario.
  • Ejercer el poder y control sobre los demás.
  • Mostrarse seguro, astuto, independiente, impulsivo.
  • Tener dificultad para expresar emociones.

Hay que matizar que al hablar de sexo se alude a las características biológicas que definen a las mujeres y a los hombres, mientras que el género se refiere a los roles y rasgos que se consideran masculinos o femeninos y que nos asignan por nacer de un sexo u otro. Podemos decir que al nacer ya nos hacen un traje a medida. Pero a menudo se asocia el término género a mujeres cuando es una categoría que hace referencia a ambos sexos.

Estas diferencias se trasladan al uso de las pantallas y condicionan las prácticas digitales, lo que exige incorporar la recurrente llamada perspectiva de género en la prevención e intervención de los usos problemáticos de pantallas.

Adolescentes y entorno digital

El uso de los entornos digitales: preocupaciones y retos

¿Cómo usan las pantallas las chicas?

Según el informe Infancia, adolescencia y bienestar digital (UNICEF, 2025), las chicas presentan un comportamiento más activo en el uso de las pantallas: suben más a menudo fotos, historias o coreografías y participan en retos virales, y con un porcentaje más elevado en el uso problemático. Este uso las hace más vulnerables y conlleva el riesgo de ser rechazadas o de sufrir situaciones de ciberacoso, y también pueden convertirse en el blanco de la violencia machista en las redes sociales, ya que las fronteras entre lo público, lo privado y lo íntimo quedan prácticamente difuminadas (Tisseron, 2014).

Por otro lado, la exposición constante a imágenes y mensajes que promueven un estándar y un ideal de belleza inasumible, y casi siempre inalcanzable, promulgados por la publicidad en Internet y los influencers y youtubers, pueden perpetuar los estereotipos e ideales femeninos, y pueden influir negativamente en su autopercepción, su autoestima, generar inseguridad y provocar trastornos de la conducta alimentaria o malestar emocional. 

Las diferencias que presentan chicos y chicas en el uso de pantallas responden a los mandatos de género: mientras que los chicos son socializados hacia la competición y el dominio tecnológico, las chicas hacia el cuidado de la imagen y la comunicación social.

El informe también constata un dato sumamente interesante: más de la mitad de los adolescentes ya manifiestan la necesidad de desconexión digital para favorecer el descanso, la concentración y el equilibrio. Esta necesidad es mayor entre las chicas.

¿Cómo usan las pantallas los chicos?

Los chicos son socializados para ser competitivos, activos y exitosos. Ello se traduce en un uso más lúdico de las pantallas a través de juegos de azar online y videojuegos. Apostar no se considera una práctica femenina, hacerlo puede conllevar censura social, pues se asocia a valores definidos como masculinos: valentía, riesgo y proactividad.

Según el Anuario 2024 de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI) por primera vez en España hay más jugadoras en dos franjas de edad, de 25-24 y 45-64 años, un dato sin duda relevante. Sin embargo, la creciente presencia de mujeres no ha supuesto un cambio o eliminación de los estereotipos de género en su representación (Santana, 2020).

Las chicas acostumbran a compartir en exceso la vida privada en las redes sociales como herramienta de validación y reconocimiento, y esto las hace más vulnerables. 

En cuanto a las redes sociales, ellos tienden a ser más reservados y a no exponer en exceso su vida personal. Esto les mantiene más protegidos y a salvo de comentarios dañinos o juicios negativos. 

En relación con el consumo de pornografía a través de Internet y dispositivos digitales, existe una diferencia significativa entre chicos (57,5%) y chicas (23%), según el informe de UNICEF (2025). Este consumo comporta consecuencias negativas en la población infantil y juvenil, algunas recogidas en el Decálogo sobre el impacto de la pornografía en menores (AEPD,202):

  • Incrementa estereotipos de género.
  • Normaliza la conducta sexual violenta.
  • Aumenta las conductas sexuales de riesgo.
  • Eleva los niveles de soledad de adolescentes.

El consumo de pornografía se convierte, así, en una escuela informal de educación sexual.

Chico mirando el ordenador en su habitación.

Consumo de pornografía y adolescencia

Prevenir con perspectiva de género

Algunas recomendaciones educativas y de acompañamiento con perspectiva de género son (Diputació de Barcelona, 2023):

Profesionales

  • Contar con profesionales formados en perspectiva de género.
  • Trabajar los riesgos específicos del uso de pantallas, no desde la culpa o responsabilización, y en espacios no mixtos.
  • En el trabajo con familias, no partir de modelos estándar y la distribución clásica de roles. Contemplar la diversidad familiar.
  • Incorporar identidades no binarias adaptando materiales y acciones.
  • Con personas adolescentes: fomentar habilidades socioemocionales para construir relaciones de amistad y de pareja sanas, basadas en el respeto y el compromiso
  • Fomentar la reflexión crítica.
  • Revisar materiales preventivos evitando estereotipos sexistas.
  • Promover una educación desde la igualdad de género y diversidad.
Chicos y chicas con los móviles

El papel de la familia en el uso de las pantallas

Familias

  • Revisar los mensajes transmitidos a hijos e hijas por si perpetúan mandatos de género. No tener una doble vara de medir.
  • Conocer las aplicaciones y los amigos virtuales de hijos e hijas para ser un interlocutor válido.
  • Reflexionar sobre el uso y las publicaciones en redes sociales.
  • Modelar con el ejemplo.
  • Acompañar en el establecimiento de límites entre lo público y privado.
  • Abordar con naturalidad el interés por la sexualidad, educando en el respeto y la diversidad.

Debemos tener presente el currículo oculto positivo, es decir, transmitir e incorporar de manera natural, silenciosa, constante e implícita la perspectiva de género en todos los ámbitos sociales para promover y garantizar un aprendizaje y una educación equitativa e inclusiva.

Las diferencias significativas por género justifican la necesidad de adoptar un enfoque de género en el diseño de nuevas políticas de prevención e intervención. Este enfoque, en palabras de Patricia Ramírez, antropóloga y educadora social, «es sin duda una herramienta para el cambio. Para conseguir una sociedad plural, diversa y protegida frente a riesgos y desafíos y entornos digitales más positivos y sostenibles. No hay tiempo que perder».