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Artículo

El estigma en las adicciones, una barrera para la recuperación

Impacto del estigma y el autoestigma en el acceso de los adolescentes a los servicios de salud mental
Elena Flores Márquez

Elena Flores Márquez

Psicóloga clínica. Unidad de Conductas Adictivas del Adolescente. Área de Salud Mental
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
Un joven de espaldas mirando la ciudad.

Resumen

El estigma asociado a las adicciones y a la patología dual es una barrera significativa para el acceso y eficacia del tratamiento, especialmente entre los adolescentes. Este estigma no solo impide que las personas busquen ayuda, sino que también afecta negativamente en su salud mental y en su recuperación. Además, la estigmatización familiar y los prejuicios de los profesionales pueden complicar aún más la situación. La capacitación adecuada del personal sanitario es crucial para mejorar las actitudes y los resultados terapéuticos.
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Las personas con trastornos de adicción se enfrentan a muchos retos, especialmente en la adolescencia. En la mayoría de ellas la presencia de patología dual -es decir, una adicción más otro trastorno mental- es más habitual que excepcional (Erskine, 2015), lo que complica significativamente el pronóstico. Además, a las particularidades propias de la adolescencia se suma que un trastorno de salud mental en esta etapa puede tener repercusiones a largo plazo, debido a la pérdida de oportunidades que puede suponer para la persona.

Mejorar la eficacia de las intervenciones es básico, pero no es el único reto con el que nos encontramos en la atención de los trastornos de adicción. Para empezar, el acceso al tratamiento constituye un problema importante: la mayoría de personas con un trastorno adictivo no reciben atención. Se estima que en 2023 sólo una de cada doce personas con adicción a sustancias accedió a algún tipo de tratamiento. En el caso de las mujeres, las cifras son aún más bajas: a escala mundial, se calcula que únicamente el 5,5% de las mujeres con un trastorno por uso de sustancias recibe un tratamiento, frente al 13,6% de los hombres con el mismo trastorno (Naciones Unidas, 2024). En las adicciones comportamentales, estas cifras podrían ser aún más preocupantes.

Las dificultades en el abordaje de las adicciones y la patología dual están estrechamente relacionadas con el estigma que persiste sobre estos trastornos. El estigma puede impedir que las personas busquen ayuda, deteriorar la salud mental, obstaculizar la recuperación y actuar como barrera para el establecimiento de relaciones positivas.

Los adolescentes, además, pueden ser especialmente vulnerables al estigma relacionado con la salud (Earnshaw et al., 2022). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), muchos adolescentes perciben de forma negativa los servicios sanitarios, ya que consideran que no respetan suficientemente la privacidad y la confidencialidad, y tienen miedo a la estigmatización, la discriminación y a que los profesionales intenten imponerles sus valores morales (OMS, 2023).

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Impacto del estigma en el acceso a los servicios de salud mental

Hay varias explicaciones de por qué el estigma influye en la búsqueda de ayuda. Por un lado, el estigma general sobre la salud mental hace que exista una falta de conocimiento sobre los trastornos y que se perciban sólo los estereotipos negativos. Así, algunos jóvenes no detectan que pueden tener un problema, puesto que no se identifican con la información aparecida en los medios de comunicación.

El estigma puede impedir que las personas busquen ayuda, deteriorar la salud mental, obstaculizar la recuperación y actuar como barrera para el establecimiento de relaciones positivas.

Por otra parte, la adolescencia es un período vital de desarrollo de la identidad social, y el estigma asociado a la salud mental puede amenazar esa identidad y la identificación con los grupos de recuperación (Blyth et al., 2023). Así pues, puede haber cierto miedo al cambio de identidad, a la forma de percibirse y a cómo son percibidos.

Según un estudio de Sheikhan et al.(2023), los jóvenes, especialmente los que han sido atendidos en alguna ocasión en la red de salud mental, han experimentado el síndrome del impostor o han tenido la sensación de que deben estar muy mal para ser atendidos y que sólo han recibido atención cuando estaban con «una crisis visible». También describen que algunos conceptos que se utilizan de forma habitual, como «resistente al tratamiento», les hacen sentir vergüenza, culpa y sensación de juicio, por no sentirse mejor después de un tratamiento.(Sheikhan et al., 2023)

También es habitual que los jóvenes y las familias tengan dificultades para entender lo que les está pasando. Por un lado, parece que se infravalora el impacto de los síntomas y el diagnóstico, y sienten que deberían poder controlar, por ejemplo, la irritabilidad, la apatía, el deseo de consumo u otros síntomas habituales. Esto favorece que se sientan ignorados respecto a su malestar emocional y su necesidad de intervención. Y, al mismo tiempo, algunos jóvenes culpabilizan al trastorno de algunas conductas propias, algo que hace disminuir la sensación de responsabilidad y de cambio por parte de la persona, y que se conoce como autoestigma de controlabilidad.

Los factores descritos retrasan el primer contacto de los adolescentes con adicciones con los servicios de salud mental, pero el estigma tiene otros impactos y está asociado a (Topkaya et al., 2021):

  • Menos autoeficacia (creencia en las propias capacidades para ejecutar las acciones necesarias para afrontar una situación).
  • Menos adherencia terapéutica.
  • Disminución del apoyo social.
  • Aumento de la gravedad de los síntomas.
Estigma salud mental

¿Qué deberíamos saber sobre el estigma?

Estigmatización familiar y prejuicios de los profesionales

También hay que hablar de la estigmatización familiar, que supone una sobrecarga, un empobrecimiento de la red social y un descrédito añadido para estas familias que ya viven situaciones muy complicadas con hijos e hijas con adicciones y, habitualmente, con otro trastorno mental.

Además, algunos profesionales sanitarios perciben a las personas con patología dual como complejas y tienden a etiquetarlos antes del primer contacto. Las actitudes hacia el consumo (baja sensibilización, carencia de formación y estigma) pueden derivar en rechazo hacia el colectivo y pueden tener efectos indirectos en el manejo eficaz de la patología dual y promover resultados adversos terapéuticos (Calderón, 2021). Algunos estudios describen cómo la capacitación del personal sanitario es esencial para mejorar las actitudes y la práctica clínica (Merrick et al., 2022).

Algunos profesionales sanitarios perciben a las personas con patología dual como complejas y tienden a etiquetarlos antes del primer contacto, con actitudes que no favorecen la recuperación.

En conclusión, sabemos que el estigma está todavía muy presente cuando hablamos de adicciones, tanto el autoestigma y la estigmatización familiar, como el que se refiere a los prejuicios de los profesionales hacia las adicciones y de los jóvenes hacia los servicios sanitarios . Este estigma, que interpela a todos los agentes implicados en las adicciones y en la patología dual, influye en el resultado de la intervención y es una de las principales barreras para la recuperación.

Estigma lugar de trabajo

Lucha contra el estigma de la salud mental en el lugar de trabajo